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Querida mamá, me ha costado 14 años escribirte unas palabras, todavía me produce un escalofrío pensar en aquel pasillo largo y oscuro que recorrimos juntas abrazadas después de aquella cita médica en la que te dijeron con buenas palabras que la vida se te acababa. ¡Qué duro vivir aquel año!¡Qué duro acompañarte en ese camino de degradación física que sufriste! Y, sin embargo, ¡qué feliz me siento a la vez por haberte podido acompañar!

Sabes, ahora algunas personas están muriendo solas. ¡Qué triste, qué dolor! Sin embargo, yo tuve la suerte de poderlo hacer contigo. Cuando repaso ahora los mejores momentos de mi vida, uno de ellos es haberte acompañado en ese camino del final de tu vida. ¡Qué lección nos diste! Viviste tu enfermedad con entereza, con optimismo en que aquello no podría contigo… Sin una queja… Recuerdo que cuando te estaba naciendo de nuevo el pelo y salía blanco, me dijiste: «Yo no me lo voy a dejar blanco, en cuanto salga todo me lo tiño»… No dio tiempo. Pero tú no te rendías a que eso fuese el final…

¡Cuántas veces he echado de menos marcar tu teléfono y pronunciar la palabra MAMÁ… Ahora yo soy mamá y, qué curioso, a partir del momento en que lo fui, todavía pienso más en ti. En la pena que me da que no conocieses a tu nieto. ¿Quién te iba a decir que yo tendría un hijo, eh?… Aunque ya sé que de alguna forma le conoces. Cuando le daba pecho, de bebé, y de repente se soltaba del pezón y miraba como si hubiese entrado alguien, yo sabía que te miraba a ti… que tú nos acompañabas.

Siempre recordaré tu valentía, incluso cuando ya te habías quedado sin vista. Has sido imprescindible para la gente que te rodeaba, dispuesta a ayudar a todos de una forma u otra cuando se te necesitaba. En los últimos tiempos, la ayuda la has necesitado tú, y ahí hemos estado todos juntos guiándote el camino para que nunca te sintieras sola.

A pesar de todo, las circunstancias no han sido las mejores, porque sí, porque la vida no es siempre todo lo justa que nos gustaría. Te has acabado yendo sola, como nunca lo habrías querido ni imaginado. Solo espero que, aunque no hayamos podido estar junto a ti en estos momentos, nos hayas sentido igual de cerca que nosotros a ti.

Autor: Diego Rochina LyD

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